
La tercera piel es la casa.
El espacio vital que cobija y da calor. El lugar donde se vive, se come, se crece, se sueña, se aprende, se descansa, se ama, se discute y, a veces, se muere. La piel que protege y envuelve a la epidermis y a la ropa con paredes, puertas y ventanas. El hogar.
Para Hundertwasser, esta tercera piel es la más compleja de todas. No es solo arquitectura: es una forma de habitar. Un espacio cargado de emoción, identidad y relación con el mundo. Frente a la rigidez de la arquitectura dogmática, uniforme y sin alma, defendía casas vivas, sensibles, imperfectas y humanas. Casas que no se imponen, sino que dialogan con quienes las habitan.
“Las casas no consisten en paredes, sino en ventanas”.
El derecho a la ventana es el derecho a expresarse, a asomarse al exterior, a dejar huella. A que el hogar no sea una carcasa anónima, sino una piel permeable entre lo íntimo y lo público, entre el dentro y el fuera.
Desde esta mirada se construye el documental sobre la rehabilitación de Apostólicas Etxea, actual sede de EDE Fundazioa. Un edificio que se transforma no solo para ser funcional, sino para convertirse en un hogar abierto al barrio. Una tercera piel que deja de ser frontera para convertirse en umbral.
La apertura arquitectónica del edificio —con espacios de trabajo, alojamientos dotacionales para colectivos vulnerables y el restaurante bar social Guruzu— refleja un modelo de habitar basado en la acogida, la convivencia y la conexión con la comunidad. La casa como refugio, pero también como espacio de encuentro. Lo privado y lo público conviviendo sin jerarquías rígidas.
El documental recoge este proceso desde una mirada creativa y profundamente humana, donde las personas son las verdaderas transmisoras del cambio. Porque la tercera piel no se diseña solo con planos: se construye con vínculos, cuidados y decisiones compartidas.
Habitar un edificio es también habitar una manera de estar en el mundo.
